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miércoles, 17 de octubre de 2012

SENSACIONES

Cuando te amé esta noche,

te vestí de gala

con la desnudez impoluta

de la azucena sin mancha.

Mis dedos fueron pinceles

en tu piel blanca,

hicieron brotar jardines

de rojos claveles.

Mis manos fueron la llave

que abrió la puerta

de tu enclaustrada inocencia,

para que volara palooma apasionada.

Cuando penetré esta noche

en el misterioso centro

de tu secreto aún no mancillado

por la osadía de las pasiones,

tuve esa sensación extraña

de que todo se hacía pequño

y queda muy lejos.

Quisiera saber.

si fué un ataque de vértigo,

o, es que estuve tocando el cielo.

Si fué la simple cadencia del tiempo

la que desvaneció mis contornos,

o, es que era mi destino,

reconocerme en el brillo de tu mirada,

como un oblicuo holograma de mi mismo.

(José M. Huete García, Octubre 2012)
DESAMOR

No se muere la noche

en la caricia anaranjada del alba,

en los humeantes rescoldos

de lo que fueron encendidos tizones.

en el primer parpadeo del girasol,

en el dulce rocío que despierta al caracol,

es en este instante

en que titubeante,

languidece el último sueño

en que mis brazos te tienen.

Ha sido culpable esa maldita luna

intrigante y correveidile,

celosa,

que sobre si se giró,

y en su otra cara me mostró

el megro espanto de la muerte.



Negro es el hueco del dolor

que en mis pulsos ha clavado

al áspero madero de tus ausencia,

grito de la herida de la piedra,

que en desierto se deshace,

despiadado es el viento

que de sus cimientos arrebata,

el altar donde adoré tu presencia.

Herida se queda el alma,

maltrecha en su pleitud

la exhuberante corola de la flor,

cuando no aletea tenue la mariposa

libando hasta la última gota de su esencia,

y es de la soledad

de la que siente clavado aguijón.

(José M. Huete García, Mayo 2012)

martes, 16 de octubre de 2012

DISCURSO DEL SILENCIO

Porque nunca es ciega la palabra.

ni es neutral un acento

ni el verbo deja de fecundar la tierra,

cuando el sentimiento

se hace yedra en el alma.

Porque nunca el silencio calla,

ni designa las certezas

la voz que apagada

el concepto incuba,

y en verso apasinado estalla.

Porque se teje en miedos la espera,

es delgado el hilo que sujeta

el trémulo vuelo de la cometa,

son los sueños golondrinas que vuelan

cuando ya no hay Primavera.

Porque no son mis labios

los que recorren tu piel entera,

ni es mi sexo el que te penetra,

que el misterio del amor

es el tenue trazo de la incerteza.

Poruqe no es ciega la palabra,

ni el silencio calla,

cuando te siento tan cerca,

que ni el aire tiene espacio,

ni entre las preguntas, la respuesta.

(José M. Huete Garcia, Octubre 2012)

viernes, 12 de octubre de 2012

SIN TI...

Mastico este sabor

a pared desnuda,

a todo lo que no tiene vida,

la gelidez de lo que nunca la tuvo.

Araño el aire

intento arrancarle

huellas que no existen,

solo la mudez de los pasos perdidos.

Me quedo aterido,

recuento mis soledades,

las que al irte me dejaste

por único testigo.

Siento ese miedo atenazante

de mirarme hacia dentro,

de volver a encontrarme

con mi conciencia de lobo,

con su mirada helada,

con su aullido de hambre delirante.

Quiero rasgar mi pecho,

¡Y no puedo!,

que se vacíe de la negra sangre

que como muerte me late.

Que de él renazca,

volando libre,

esa paloma blanca,

que con tus besos, en el, anidaste.

¡Y no puedo!.

Busco refugio para mi desespero,

y el mar acalla su azul,

es una plana quietud

hasta mas allá del horizonte.

Y es su silencio pavor,

y en el alma puro hielo,

en mis pulsos no hay latido,

ni lamento de sentimiento herido.

Se ha callado el viento

en la garganta se me atraganta el aliento.

entre lo labios muere un suspiro,

y yo, ya...

¡Ni siquiera me siento!

(José M. Huete García, Julio 2012)
AUN HAY NIDO PARA LA CIGÜEÑA

Amor,

yo sé que te preocupa

distinguir quienes son los buenos,

y quienes los malos,

que aún arropas tu mente

con esa manta inocente

de los cuentos de siempre,

que en las tarde de invierno

recitaba la abuela,

reavivando el calor del brasero

con la badila en mano.

Sé que toda tu vida has caminado

y te ha sido suficiente,

con esos ropajes

tan esquemáticos,

donde la certeza se bordaba

con hilos tan resistentes

que siempre duraban

uno y otro, y otro verano.

Y ahora en los tiempos agitados,

cuando la verdad y la mentira

son solo fugaces matices

que apenas duran un rato,

te sientes tan desnuda

y extravagante,

como se siente la cigüeña

cuando ya no es de piedra,

sino de fibrocemento

su ancestral campanario,

Mas yo te digo, amor,

que en este tiempo desarraigado,

en este Via Crucis,

en que se convierte el camino

para el sentimiento puro

que en la incerteza

se siente inmolado,

siempre reconocerás al malo,

en quien sin darte mas opción

quiere arrastrarte hasta su lado.

No dejes que tu historia

sea escrita por otras manos,

que no sean tan pulcras

como las de la abuela

con la badila en mano,

que ellas solo se manchaban

de carbón,

y de pan amasado a mano.

No creas a quienes predican

desde una u otra trinchera,

que ahora es el tiempo del dolor

y de la rabia en le corazón…

¡Que nunca hubo una Primavera

a la que no sucediera un verano,

y la cigüeña seguirá anidando!

(José M. Hete García, julio 2012)
INQUIETO REFLEJO DEL YO

Cuando me besas,

tus labios incitantes, repletos

de ese vino rojo que me embriaga

poco a poco,

que enloquece en mis arterias,

y se desborda en mi mente

dejando todos los diques rotos...

Siento miedo,

de no poder definir mis lindes,

el norte y el sur

de mi esencia,

el antes y el después

del tiempo y su inclemencia.

De no saber,

si cada trago de tu aliento,

cuando hace cenizas las palabras

en mi garganta,

es ese viento agreste e incontrolado

de los sueños imposibles,

los de la eterna espera,

que deshace en arenisca

la piedra cuadrangular

de los cuatro abismos,

sobre la que me asiento.

Siento miedo,

de no saber si lo que soy

es el eco de lo que fuí,

cuando me tejía de ausencias,

si soy la leña,

que se consume en tu fuego de hoy,

o si he de ser eterno caminante

en busca de ese instante

que entero me contiene.

Tengo miedo,

de que este deseo de tus labios

en el que me abraso,

solo sea el agujero negro

de mi consciencia,

donde para siempre me apago.

¡Y mientras tanto,

úngema con tus manos,

para que este vértigo

de nacer y moris en ti,

no lo sea en vano!

(José M. Huete García, Octubre 2012)

miércoles, 10 de octubre de 2012

CANTO DE MEDIANOCHE

Repican las campanas de la noche,

las que lloran la muerte de las luces,

las que anuncian que son sombras

alocadas, las que danzan en mi mente.

Reverencio esos instantes en que el silencio

guarda el eco de tus huellas en la penumbra,

es mi corazón el ojo inmovil de la rapaz

oteando nostalgias entre la bruma.

Son doce campanadas, doce,

las que me llaman a iniciar el mágico ritual,

de modelar tu ausencia como aroma

de nardo, de tu piel ausente.

Peregrinan mis labios tallando granadas en tu boca.

arrecifes de coral entre tus dientes,

beben hasta el último de tus supiros

para embriagarse de ese aliento que ya no es inocente.

Caminan mis dedos atrevidos y descalzos,

para recolectar el edelweis que florece eterno

en las cumbres donde se erigen tus pechos,

fundo entre ellos lo que quede de los hielos perenes.

Escucho en la brisa traspasada de tu aroma de hembra,

melodías del atávico palpitar de tu sexo,

la llamada exhultante de la tierra madre,

exigiendo que muera el deseo y enraice la simiente.

Doce campanadas, doce,

me trajeron tu esencia esta medianoche,

y al acabar la danza de las sombras,

amanecieron mis sueños en la gloria de las flores.

(José M. Huete García, Octubre 2012)