SENSACIONES
Cuando te amé esta noche,
te vestí de gala
con la desnudez impoluta
de la azucena sin mancha.
Mis dedos fueron pinceles
en tu piel blanca,
hicieron brotar jardines
de rojos claveles.
Mis manos fueron la llave
que abrió la puerta
de tu enclaustrada inocencia,
para que volara palooma apasionada.
Cuando penetré esta noche
en el misterioso centro
de tu secreto aún no mancillado
por la osadía de las pasiones,
tuve esa sensación extraña
de que todo se hacía pequño
y queda muy lejos.
Quisiera saber.
si fué un ataque de vértigo,
o, es que estuve tocando el cielo.
Si fué la simple cadencia del tiempo
la que desvaneció mis contornos,
o, es que era mi destino,
reconocerme en el brillo de tu mirada,
como un oblicuo holograma de mi mismo.
(José M. Huete García, Octubre 2012)
Cuando el espíritu palidece ante lo irresoluble de la realidad, que nos castiga y amedrenta, la palabra teje ese manto que nos protege, que nos abriga, que nos devuelve a las horas de la inocencia, LA POESÍA. Aquí me encontrareis desnudo de equipajes inservibles, transpirando los sentimientos mas esenciales de mi devenir. Con mis dolores de parto, con mis alegrías rescatadas con la inmensa potencia del lenguaje mágico que surge en la espera interminable de saberme entero e indestructible.
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miércoles, 17 de octubre de 2012
DESAMOR
No se muere la noche
en la caricia anaranjada del alba,
en los humeantes rescoldos
de lo que fueron encendidos tizones.
en el primer parpadeo del girasol,
en el dulce rocío que despierta al caracol,
es en este instante
en que titubeante,
languidece el último sueño
en que mis brazos te tienen.
Ha sido culpable esa maldita luna
intrigante y correveidile,
celosa,
que sobre si se giró,
y en su otra cara me mostró
el megro espanto de la muerte.
Negro es el hueco del dolor
que en mis pulsos ha clavado
al áspero madero de tus ausencia,
grito de la herida de la piedra,
que en desierto se deshace,
despiadado es el viento
que de sus cimientos arrebata,
el altar donde adoré tu presencia.
Herida se queda el alma,
maltrecha en su pleitud
la exhuberante corola de la flor,
cuando no aletea tenue la mariposa
libando hasta la última gota de su esencia,
y es de la soledad
de la que siente clavado aguijón.
(José M. Huete García, Mayo 2012)
No se muere la noche
en la caricia anaranjada del alba,
en los humeantes rescoldos
de lo que fueron encendidos tizones.
en el primer parpadeo del girasol,
en el dulce rocío que despierta al caracol,
es en este instante
en que titubeante,
languidece el último sueño
en que mis brazos te tienen.
Ha sido culpable esa maldita luna
intrigante y correveidile,
celosa,
que sobre si se giró,
y en su otra cara me mostró
el megro espanto de la muerte.
Negro es el hueco del dolor
que en mis pulsos ha clavado
al áspero madero de tus ausencia,
grito de la herida de la piedra,
que en desierto se deshace,
despiadado es el viento
que de sus cimientos arrebata,
el altar donde adoré tu presencia.
Herida se queda el alma,
maltrecha en su pleitud
la exhuberante corola de la flor,
cuando no aletea tenue la mariposa
libando hasta la última gota de su esencia,
y es de la soledad
de la que siente clavado aguijón.
(José M. Huete García, Mayo 2012)
martes, 16 de octubre de 2012
DISCURSO DEL SILENCIO
Porque nunca es ciega la palabra.
ni es neutral un acento
ni el verbo deja de fecundar la tierra,
cuando el sentimiento
se hace yedra en el alma.
Porque nunca el silencio calla,
ni designa las certezas
la voz que apagada
el concepto incuba,
y en verso apasinado estalla.
Porque se teje en miedos la espera,
es delgado el hilo que sujeta
el trémulo vuelo de la cometa,
son los sueños golondrinas que vuelan
cuando ya no hay Primavera.
Porque no son mis labios
los que recorren tu piel entera,
ni es mi sexo el que te penetra,
que el misterio del amor
es el tenue trazo de la incerteza.
Poruqe no es ciega la palabra,
ni el silencio calla,
cuando te siento tan cerca,
que ni el aire tiene espacio,
ni entre las preguntas, la respuesta.
(José M. Huete Garcia, Octubre 2012)
Porque nunca es ciega la palabra.
ni es neutral un acento
ni el verbo deja de fecundar la tierra,
cuando el sentimiento
se hace yedra en el alma.
Porque nunca el silencio calla,
ni designa las certezas
la voz que apagada
el concepto incuba,
y en verso apasinado estalla.
Porque se teje en miedos la espera,
es delgado el hilo que sujeta
el trémulo vuelo de la cometa,
son los sueños golondrinas que vuelan
cuando ya no hay Primavera.
Porque no son mis labios
los que recorren tu piel entera,
ni es mi sexo el que te penetra,
que el misterio del amor
es el tenue trazo de la incerteza.
Poruqe no es ciega la palabra,
ni el silencio calla,
cuando te siento tan cerca,
que ni el aire tiene espacio,
ni entre las preguntas, la respuesta.
(José M. Huete Garcia, Octubre 2012)
viernes, 12 de octubre de 2012
SIN TI...
Mastico este sabor
a pared desnuda,
a todo lo que no tiene vida,
la gelidez de lo que nunca la tuvo.
Araño el aire
intento arrancarle
huellas que no existen,
solo la mudez de los pasos perdidos.
Me quedo aterido,
recuento mis soledades,
las que al irte me dejaste
por único testigo.
Siento ese miedo atenazante
de mirarme hacia dentro,
de volver a encontrarme
con mi conciencia de lobo,
con su mirada helada,
con su aullido de hambre delirante.
Quiero rasgar mi pecho,
¡Y no puedo!,
que se vacíe de la negra sangre
que como muerte me late.
Que de él renazca,
volando libre,
esa paloma blanca,
que con tus besos, en el, anidaste.
¡Y no puedo!.
Busco refugio para mi desespero,
y el mar acalla su azul,
es una plana quietud
hasta mas allá del horizonte.
Y es su silencio pavor,
y en el alma puro hielo,
en mis pulsos no hay latido,
ni lamento de sentimiento herido.
Se ha callado el viento
en la garganta se me atraganta el aliento.
entre lo labios muere un suspiro,
y yo, ya...
¡Ni siquiera me siento!
(José M. Huete García, Julio 2012)
Mastico este sabor
a pared desnuda,
a todo lo que no tiene vida,
la gelidez de lo que nunca la tuvo.
Araño el aire
intento arrancarle
huellas que no existen,
solo la mudez de los pasos perdidos.
Me quedo aterido,
recuento mis soledades,
las que al irte me dejaste
por único testigo.
Siento ese miedo atenazante
de mirarme hacia dentro,
de volver a encontrarme
con mi conciencia de lobo,
con su mirada helada,
con su aullido de hambre delirante.
Quiero rasgar mi pecho,
¡Y no puedo!,
que se vacíe de la negra sangre
que como muerte me late.
Que de él renazca,
volando libre,
esa paloma blanca,
que con tus besos, en el, anidaste.
¡Y no puedo!.
Busco refugio para mi desespero,
y el mar acalla su azul,
es una plana quietud
hasta mas allá del horizonte.
Y es su silencio pavor,
y en el alma puro hielo,
en mis pulsos no hay latido,
ni lamento de sentimiento herido.
Se ha callado el viento
en la garganta se me atraganta el aliento.
entre lo labios muere un suspiro,
y yo, ya...
¡Ni siquiera me siento!
(José M. Huete García, Julio 2012)
AUN HAY NIDO PARA LA CIGÜEÑA
Amor,
yo sé que te preocupa
distinguir quienes son los buenos,
y quienes los malos,
que aún arropas tu mente
con esa manta inocente
de los cuentos de siempre,
que en las tarde de invierno
recitaba la abuela,
reavivando el calor del brasero
con la badila en mano.
Sé que toda tu vida has caminado
y te ha sido suficiente,
con esos ropajes
tan esquemáticos,
donde la certeza se bordaba
con hilos tan resistentes
que siempre duraban
uno y otro, y otro verano.
Y ahora en los tiempos agitados,
cuando la verdad y la mentira
son solo fugaces matices
que apenas duran un rato,
te sientes tan desnuda
y extravagante,
como se siente la cigüeña
cuando ya no es de piedra,
sino de fibrocemento
su ancestral campanario,
Mas yo te digo, amor,
que en este tiempo desarraigado,
en este Via Crucis,
en que se convierte el camino
para el sentimiento puro
que en la incerteza
se siente inmolado,
siempre reconocerás al malo,
en quien sin darte mas opción
quiere arrastrarte hasta su lado.
No dejes que tu historia
sea escrita por otras manos,
que no sean tan pulcras
como las de la abuela
con la badila en mano,
que ellas solo se manchaban
de carbón,
y de pan amasado a mano.
No creas a quienes predican
desde una u otra trinchera,
que ahora es el tiempo del dolor
y de la rabia en le corazón…
¡Que nunca hubo una Primavera
a la que no sucediera un verano,
y la cigüeña seguirá anidando!
(José M. Hete García, julio 2012)
Amor,
yo sé que te preocupa
distinguir quienes son los buenos,
y quienes los malos,
que aún arropas tu mente
con esa manta inocente
de los cuentos de siempre,
que en las tarde de invierno
recitaba la abuela,
reavivando el calor del brasero
con la badila en mano.
Sé que toda tu vida has caminado
y te ha sido suficiente,
con esos ropajes
tan esquemáticos,
donde la certeza se bordaba
con hilos tan resistentes
que siempre duraban
uno y otro, y otro verano.
Y ahora en los tiempos agitados,
cuando la verdad y la mentira
son solo fugaces matices
que apenas duran un rato,
te sientes tan desnuda
y extravagante,
como se siente la cigüeña
cuando ya no es de piedra,
sino de fibrocemento
su ancestral campanario,
Mas yo te digo, amor,
que en este tiempo desarraigado,
en este Via Crucis,
en que se convierte el camino
para el sentimiento puro
que en la incerteza
se siente inmolado,
siempre reconocerás al malo,
en quien sin darte mas opción
quiere arrastrarte hasta su lado.
No dejes que tu historia
sea escrita por otras manos,
que no sean tan pulcras
como las de la abuela
con la badila en mano,
que ellas solo se manchaban
de carbón,
y de pan amasado a mano.
No creas a quienes predican
desde una u otra trinchera,
que ahora es el tiempo del dolor
y de la rabia en le corazón…
¡Que nunca hubo una Primavera
a la que no sucediera un verano,
y la cigüeña seguirá anidando!
(José M. Hete García, julio 2012)
INQUIETO REFLEJO DEL YO
Cuando me besas,
tus labios incitantes, repletos
de ese vino rojo que me embriaga
poco a poco,
que enloquece en mis arterias,
y se desborda en mi mente
dejando todos los diques rotos...
Siento miedo,
de no poder definir mis lindes,
el norte y el sur
de mi esencia,
el antes y el después
del tiempo y su inclemencia.
De no saber,
si cada trago de tu aliento,
cuando hace cenizas las palabras
en mi garganta,
es ese viento agreste e incontrolado
de los sueños imposibles,
los de la eterna espera,
que deshace en arenisca
la piedra cuadrangular
de los cuatro abismos,
sobre la que me asiento.
Siento miedo,
de no saber si lo que soy
es el eco de lo que fuí,
cuando me tejía de ausencias,
si soy la leña,
que se consume en tu fuego de hoy,
o si he de ser eterno caminante
en busca de ese instante
que entero me contiene.
Tengo miedo,
de que este deseo de tus labios
en el que me abraso,
solo sea el agujero negro
de mi consciencia,
donde para siempre me apago.
¡Y mientras tanto,
úngema con tus manos,
para que este vértigo
de nacer y moris en ti,
no lo sea en vano!
(José M. Huete García, Octubre 2012)
Cuando me besas,
tus labios incitantes, repletos
de ese vino rojo que me embriaga
poco a poco,
que enloquece en mis arterias,
y se desborda en mi mente
dejando todos los diques rotos...
Siento miedo,
de no poder definir mis lindes,
el norte y el sur
de mi esencia,
el antes y el después
del tiempo y su inclemencia.
De no saber,
si cada trago de tu aliento,
cuando hace cenizas las palabras
en mi garganta,
es ese viento agreste e incontrolado
de los sueños imposibles,
los de la eterna espera,
que deshace en arenisca
la piedra cuadrangular
de los cuatro abismos,
sobre la que me asiento.
Siento miedo,
de no saber si lo que soy
es el eco de lo que fuí,
cuando me tejía de ausencias,
si soy la leña,
que se consume en tu fuego de hoy,
o si he de ser eterno caminante
en busca de ese instante
que entero me contiene.
Tengo miedo,
de que este deseo de tus labios
en el que me abraso,
solo sea el agujero negro
de mi consciencia,
donde para siempre me apago.
¡Y mientras tanto,
úngema con tus manos,
para que este vértigo
de nacer y moris en ti,
no lo sea en vano!
(José M. Huete García, Octubre 2012)
miércoles, 10 de octubre de 2012
CANTO DE MEDIANOCHE
Repican las campanas de la noche,
las que lloran la muerte de las luces,
las que anuncian que son sombras
alocadas, las que danzan en mi mente.
Reverencio esos instantes en que el silencio
guarda el eco de tus huellas en la penumbra,
es mi corazón el ojo inmovil de la rapaz
oteando nostalgias entre la bruma.
Son doce campanadas, doce,
las que me llaman a iniciar el mágico ritual,
de modelar tu ausencia como aroma
de nardo, de tu piel ausente.
Peregrinan mis labios tallando granadas en tu boca.
arrecifes de coral entre tus dientes,
beben hasta el último de tus supiros
para embriagarse de ese aliento que ya no es inocente.
Caminan mis dedos atrevidos y descalzos,
para recolectar el edelweis que florece eterno
en las cumbres donde se erigen tus pechos,
fundo entre ellos lo que quede de los hielos perenes.
Escucho en la brisa traspasada de tu aroma de hembra,
melodías del atávico palpitar de tu sexo,
la llamada exhultante de la tierra madre,
exigiendo que muera el deseo y enraice la simiente.
Doce campanadas, doce,
me trajeron tu esencia esta medianoche,
y al acabar la danza de las sombras,
amanecieron mis sueños en la gloria de las flores.
(José M. Huete García, Octubre 2012)
Repican las campanas de la noche,
las que lloran la muerte de las luces,
las que anuncian que son sombras
alocadas, las que danzan en mi mente.
Reverencio esos instantes en que el silencio
guarda el eco de tus huellas en la penumbra,
es mi corazón el ojo inmovil de la rapaz
oteando nostalgias entre la bruma.
Son doce campanadas, doce,
las que me llaman a iniciar el mágico ritual,
de modelar tu ausencia como aroma
de nardo, de tu piel ausente.
Peregrinan mis labios tallando granadas en tu boca.
arrecifes de coral entre tus dientes,
beben hasta el último de tus supiros
para embriagarse de ese aliento que ya no es inocente.
Caminan mis dedos atrevidos y descalzos,
para recolectar el edelweis que florece eterno
en las cumbres donde se erigen tus pechos,
fundo entre ellos lo que quede de los hielos perenes.
Escucho en la brisa traspasada de tu aroma de hembra,
melodías del atávico palpitar de tu sexo,
la llamada exhultante de la tierra madre,
exigiendo que muera el deseo y enraice la simiente.
Doce campanadas, doce,
me trajeron tu esencia esta medianoche,
y al acabar la danza de las sombras,
amanecieron mis sueños en la gloria de las flores.
(José M. Huete García, Octubre 2012)
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