SUEÑO EQUINOCIAL
Hoy el mar se ha vestido de azul
y delicadas cenefas blancas,
en sus ojos la celestial
profundidad de la mas bella luz,
sus labios coral los adornados..
Hoy has venido en una tenue brisa
de sal y lejanías,
por el camino sin hollar
de la playa de arena blanca,
vestida de tu desnudez de gala.
Hoy has venido con el alma
abierta de par en par,
y en mi piel has dejado escritas
todas aquellas palabras
que como olas se agitan en mi alma.
He sido gaviota sin amarras
para en el mar de tu mirada
pecar destellos del alba.
Una a una las rompí,
las que me ataban
a una pena de sal preñada.
Y te amé como el viento
ama a la palmera,
ceñido a tu cintura.
cimbreando tus ansias
desde la raíz a la copa mas alta.
Y en ese momento equinoccial
en que el sueño se despereza.
y pronuncia su despedida,
te llevaste el secreto mas puro,
la última rosa que guardaba,
con ella te entregué
los restos de mi inocencia.
Se quemó el día en exceso de soles,
vino la noche de apagdas pavesas,
mas, quedaron perennes tus huellas
en la arena blanca
de la playa por donde viniste.
(josé M. Huete, Mayo 2012)
Cuando el espíritu palidece ante lo irresoluble de la realidad, que nos castiga y amedrenta, la palabra teje ese manto que nos protege, que nos abriga, que nos devuelve a las horas de la inocencia, LA POESÍA. Aquí me encontrareis desnudo de equipajes inservibles, transpirando los sentimientos mas esenciales de mi devenir. Con mis dolores de parto, con mis alegrías rescatadas con la inmensa potencia del lenguaje mágico que surge en la espera interminable de saberme entero e indestructible.
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sábado, 20 de octubre de 2012
ESCRITO EN EL MAR
Esta noche, el mar era un cuenco
negro y profundo,
hecho de la arcilla de la tierra,
y en el se recogían
las saladas lágrimas de las estrellas.
Eran las almas puras,
que en suspiros quedaron denudas
límpidos luceros de tristeza,
que supieron que el sueño de lo eterno
era una infinita espera.
Y he visto como el mar, se ondulaba
lujurioso, al sentir en su vajina de espumas
la simiente de celestiales perlas,
y entre los surcos de las olas
germinaban danzarines peces de plata.
Y en esta playa donde linda
el cielo con la arena,
mas allá de las sombras,
supe que la eternidad, solo es un instante
que se bebe sorbo a sorbo de tu boca.
Y que es en el mar que nos arrebata las huellas
donde esta escrito el testamento,
de esta pasión
que es murnullo en las caracolas.
(José M. Huete García, Ocrubre 2012)
Esta noche, el mar era un cuenco
negro y profundo,
hecho de la arcilla de la tierra,
y en el se recogían
las saladas lágrimas de las estrellas.
Eran las almas puras,
que en suspiros quedaron denudas
límpidos luceros de tristeza,
que supieron que el sueño de lo eterno
era una infinita espera.
Y he visto como el mar, se ondulaba
lujurioso, al sentir en su vajina de espumas
la simiente de celestiales perlas,
y entre los surcos de las olas
germinaban danzarines peces de plata.
Y en esta playa donde linda
el cielo con la arena,
mas allá de las sombras,
supe que la eternidad, solo es un instante
que se bebe sorbo a sorbo de tu boca.
Y que es en el mar que nos arrebata las huellas
donde esta escrito el testamento,
de esta pasión
que es murnullo en las caracolas.
(José M. Huete García, Ocrubre 2012)
DESDE EL TEJADO
Como gato sobre el tejado,
indolente pero avispado,
noctámbulo cazador de sueños,
veo como camina el tiempo
sobre ese asfalto,
de mi sentir tan lejano.
Me abrigo con el viento,
tengo un agujero de hojalata,
cuando acecho una gata rebelde,
que de la lluvia me protege,
o de pizarra negra y reluciente,
si es una gata sumisa y coqueta,
la que me reclama impaciente.
Si siento que el hambre
se hace exjgencia acuciante,
hago un guño provocativo
a una avecilla inocente,
la engullo sin remordimiento,
en el cielo un ojo reluciente
me dió su consentimiento,
porque de siete vidas
he de ser superviviente.
Solo hay algo que me inquieta
que nubla mis ojos de tristeza...
Que después de mis site muertes,
pueda reencarmene,
en uno de esos seres tan extraños,
que caminan tan apresurados,
pretendiendo que el tiempo no pase,
que aún no saben,
que la diferencia entre ayer y mañna,
es el tejado en que hoy duermes.
¡Si alguna vez dejo de ser gato,
y he de ser hombre,
que siempre haya un tejado
donde una gata me espere!
(José M. Huete Garcia, Octubre 2012)
Como gato sobre el tejado,
indolente pero avispado,
noctámbulo cazador de sueños,
veo como camina el tiempo
sobre ese asfalto,
de mi sentir tan lejano.
Me abrigo con el viento,
tengo un agujero de hojalata,
cuando acecho una gata rebelde,
que de la lluvia me protege,
o de pizarra negra y reluciente,
si es una gata sumisa y coqueta,
la que me reclama impaciente.
Si siento que el hambre
se hace exjgencia acuciante,
hago un guño provocativo
a una avecilla inocente,
la engullo sin remordimiento,
en el cielo un ojo reluciente
me dió su consentimiento,
porque de siete vidas
he de ser superviviente.
Solo hay algo que me inquieta
que nubla mis ojos de tristeza...
Que después de mis site muertes,
pueda reencarmene,
en uno de esos seres tan extraños,
que caminan tan apresurados,
pretendiendo que el tiempo no pase,
que aún no saben,
que la diferencia entre ayer y mañna,
es el tejado en que hoy duermes.
¡Si alguna vez dejo de ser gato,
y he de ser hombre,
que siempre haya un tejado
donde una gata me espere!
(José M. Huete Garcia, Octubre 2012)
viernes, 19 de octubre de 2012
ENTERA
A veces, cuando te amo,
la brisa, asustada, pliega sus alas
y como un pajarillo indefenso
que busca refugio en el dorso de mis manos.
son tus palabras…
Esas tan dulces, que con una lágrima
entre tus parpados se estremecen,
esas que se hacen de
silencio,
y hasta el infinito,
en atávica raíz del sentimiento
en fronda de tierna hierba
se extienden.
A veces, cuando te amo,
un profundo océano
se encrespa en olas rugientes,
y, en ellas, la plácida cara de La Luna
en gotas de espuma se diluye.
Es el inaudible aullido del universo
que en tu vientre
en deseo se convierte.
Cuando te amo,
es ese instante,
que en eternidad se detiene,
ese fluir
incontenible
en que mi alma,
incontrolable se pierde
Cuando te amo,
a veces,
eres plácida brisa,
agua bendita
en que mi inocencia se bautiza,
a veces,
eres tempestad y delirio,
eres la negra sombra de dolor
en que mis límites se
definen.
Cuando te amo…
¡Las dos mitades de mi corazón,
entera te necesitan!
(José M. Hete, Junio 2012)
ENTERA
A veces, cuando te amo,
la brisa, asustada, pliega sus alas
y como un pajarillo indefenso
que busca refugio en el dorso de mis manos.
son tus palabras…
Esas tan dulces, que con una lágrima
entre tus parpados se estremecen,
esas que se hacen de
silencio,
y hasta el infinito,
en atávica raíz del sentimiento
en fronda de tierna hierba
se extienden.
A veces, cuando te amo,
un profundo océano
se encrespa en olas rugientes,
y, en ellas, la plácida cara de La Luna
en gotas de espuma se diluye.
Es el inaudible aullido del universo
que en tu vientre
en deseo se convierte.
Cuando te amo,
es ese instante,
que en eternidad se detiene,
ese fluir
incontenible
en que mi alma,
incontrolable se pierde
Cuando te amo,
a veces,
eres plácida brisa,
agua bendita
en que mi inocencia se bautiza,
a veces,
eres tempestad y delirio,
eres la negra sombra de dolor
en que mis límites se
definen.
Cuando te amo…
¡Las dos mitades de mi corazón,
entera te necesitan!
(José M. Hete, Junio 2012)
CIRCUNLOQUIO
Siento el día hiperbólicamente tangencial,
siento el tenue roce de sus alas grises,
fugaz se aleja sin dejar huella,
sin ocupar la grieta que le tenía reservada.
Se escapa como una brisa desprovista
del peso suficiente para horadar
otros huecos en mi silencio,
lo presiento marchito antes de tiempo.
El Sol se ha quedado sin romper aguas
en el vientre de una nube vestida de negro,
que necesita consejo celestial
para parir un niño con cabellos de fuego.
Me siento perdido en este abismo
de incompetencia del tiempo,
porque estaba anunciado
que hoy todo sería vertical como la lluvia,
que acaba en arco iris
abrazando la impronta de tus caderas.
No se resigna la mano ya abierta
a encerrar entre sus dedos,
todo el aroma del clavel encendido,
que erguido clma al cielo.
(José M Huete, Mayo 2012)
Siento el día hiperbólicamente tangencial,
siento el tenue roce de sus alas grises,
fugaz se aleja sin dejar huella,
sin ocupar la grieta que le tenía reservada.
Se escapa como una brisa desprovista
del peso suficiente para horadar
otros huecos en mi silencio,
lo presiento marchito antes de tiempo.
El Sol se ha quedado sin romper aguas
en el vientre de una nube vestida de negro,
que necesita consejo celestial
para parir un niño con cabellos de fuego.
Me siento perdido en este abismo
de incompetencia del tiempo,
porque estaba anunciado
que hoy todo sería vertical como la lluvia,
que acaba en arco iris
abrazando la impronta de tus caderas.
No se resigna la mano ya abierta
a encerrar entre sus dedos,
todo el aroma del clavel encendido,
que erguido clma al cielo.
(José M Huete, Mayo 2012)
LAS REGLAS DEL JUEGO
Cuando el día ya ha acontecido,
y solo quedan esos momentos
en que las cosas vuelven a su sitio,
ese tiempo restante,
en que, como por casualidad,
uno al otro nos recibimos
en el perfecto ritual de soliloquios…
Siento que tu eres la norma
y yo el verso loco.
Es en tu mirada donde se escribe
toda norma gramatical,
que transforma nuestro silencio
en un paréntesis, que encierra
todo atisbo de sentimiento.
A veces, tus pupilas se curvan
en melifluos interrogantes,
que no hacen preguntas,
solo reafirman
lo que ya damos por supuesto.
A veces, brillan, con la soledad
de un contundente punto y aparte,
establecen la distancia debida
para un discurso indebido.
A veces ,se enrojecen doloridos
como duele en la espalda de la palabra
el rejón de un acento agudo,
una comezón de dolor
que nunca finaliza en lágrima.
A veces, te sorprendo
tejiendo entre tus pestañas
unos promisorios puntos suspensivos,
como si de pronto,
en tus venas se licuara la sangre,
y no fueras una simple sospecha
de que alguna vez lloraste.
Y cuando llega ese instante
tan inevitable, como temido,
en que tus parpados se entornan,
y con un trazo subrayas
lo que es importante…
Siento que tanta cordura
es solo un abismo de locura,
y no puedo evitar
a el asomarme.
ni que entre mis dedos palpite
un postrero acto de rebeldía,
la insensatez de un poema sin normas,
que de nosotros nos salve.
¡Porque, al final, solo perdura,
lo que escapa del tiempo cumplido,
y a medirlo nunca se atina!
(José M Huete, junio 2012)
Cuando el día ya ha acontecido,
y solo quedan esos momentos
en que las cosas vuelven a su sitio,
ese tiempo restante,
en que, como por casualidad,
uno al otro nos recibimos
en el perfecto ritual de soliloquios…
Siento que tu eres la norma
y yo el verso loco.
Es en tu mirada donde se escribe
toda norma gramatical,
que transforma nuestro silencio
en un paréntesis, que encierra
todo atisbo de sentimiento.
A veces, tus pupilas se curvan
en melifluos interrogantes,
que no hacen preguntas,
solo reafirman
lo que ya damos por supuesto.
A veces, brillan, con la soledad
de un contundente punto y aparte,
establecen la distancia debida
para un discurso indebido.
A veces ,se enrojecen doloridos
como duele en la espalda de la palabra
el rejón de un acento agudo,
una comezón de dolor
que nunca finaliza en lágrima.
A veces, te sorprendo
tejiendo entre tus pestañas
unos promisorios puntos suspensivos,
como si de pronto,
en tus venas se licuara la sangre,
y no fueras una simple sospecha
de que alguna vez lloraste.
Y cuando llega ese instante
tan inevitable, como temido,
en que tus parpados se entornan,
y con un trazo subrayas
lo que es importante…
Siento que tanta cordura
es solo un abismo de locura,
y no puedo evitar
a el asomarme.
ni que entre mis dedos palpite
un postrero acto de rebeldía,
la insensatez de un poema sin normas,
que de nosotros nos salve.
¡Porque, al final, solo perdura,
lo que escapa del tiempo cumplido,
y a medirlo nunca se atina!
(José M Huete, junio 2012)
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